La situación actual de la enseñanza de la química, presenta una crisis de características alarmantes a nivel mundial, independientemente del grado de desarrollo de los países: altos índices de reprobación y deserción escolar (CB, 1992; Lastra et al., 1990), disminución en las matrículas de las carreras científicas, así como en las competencias y conocimientos necesarios para completar satisfactoriamente las asignaturas de química. (Galagovsky, 2005). Esto se agrava aún mas ante las dificultades que el egresado encuentra para encontrar trabajo e insertarse en la comunidad (Abraham, 1997).
o Plantear, al inicio de cada tema, situaciones en las que los alumnos identifiquen y reconozcan sus ideas previas.
o Diseñar actividades que le permitan construir el nuevo conocimiento a partir de esos conocimientos previos y que pongan en juego su propia forma de razonar, no sólo para promover el cambio conceptual, sino además para favorecer un cambio en al forma que tiene de representarse el mundo. De tal modo que, quiera conocer y comprenda la forma en que lo hace la ciencia.
o Utilizar ejemplos del entorno del alumno.
o Iniciar con ejemplos que contengan elementos que perciban a través de los sentidos.
o Promover que ellos diseñen actividades experimentales que les permitan confrontar sus explicaciones con la experiencia.
o Utilizar preguntas abiertas.
o Crear espacios de expresión y confrontación de ideas.
o Poner énfasis en las explicaciones de los términos científicos, más que en definiciones memorísticas de conocimientos acabados y presentados como verdades absolutas.
o Utilizar la historia de las ciencias como una estrategia de enseñanza, para presentar los conocimientos como un producto social y en cambio permanente.
o Promover actividades de búsqueda de información, solución de problemas y realización de proyectos interdisciplinarios.
